En este momento sería lo más perfecto que pises la misma tierra que estoy pisando.
Con ganas y casi odio, me encantaría abrazar esa espalda que tantas veces me tuvieron
mirandola por seguidos e interminables minutos.
Besaría la piel de esos labios hasta quebrarla como cuando se te quiebra en el invierno.
Pasaría horas tratando de memorizar el aroma que caracteriza tu piel así como memoricé
cada cosa de la habitación donde sueñas.
Prestaría cuidadosa atención a cada mueca de tu cara, a cada cosa que decís.
Me reiría de tus chistes, cantaría con vos cada canción que te gusta y que nunca te dejé cantarme.
Te estudiaría de pies a cabeza, sin olvidarme del más invisible lunar.
Averiguaría tus opiniones sobre las cosas, tus posiciones al dormir.
No estaría deseando tu presencia más que lo que deseo la vida misma.
Probablemente no te relacionaría con cada cosa que veo y escucho. Con cada lectura y cada canción.
Te diría tantas cosas sin esperar que escuchar como un eco lo mismo,
ni siquiera un "Yo también" de compromiso.
No me compararía con cada una de tus amantes, ni preguntaría "qué hubiera pasado?" o "qué sería de nosotros dos
sin tantos terceros en discordia".
No seriamos parte de una prehistoria latente, que por el momento no tiene intenciones de irse de aquella parte
del cerebro que se encarga del recuerdo o al menos de dejar de recordarme que ese tiempo ya pasó.
Qué no haría si todavía habria algo de tiempo, o si al menos no nos separarían cientos de kilómetros
Y... el triple de errores.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario