domingo, 21 de febrero de 2010

Me podés llamar: Herminda Soledá Batallón.

Monólogo del abandono.

Se me lengua la traba, se me caen las medias. Cómo iba a saber yo, Herminda Soledá Batallón que el nuevo pion de la hacienda era Fermin Pereyra.

Con la bombacha mejor tableada que vieron estos ojos pestañudos; Ah! Si lo veo venir con la frente en alto, con el torso desnudo en defensiva actitud, pues parece que gallo bravo será su identidá secreta y vestido de ovejita se acerca y me dice “Soledá, que linda está en este día, que querría ser policía pa’ esposarla a mi celda”.

Se ve que de pillo anduvo en sus años de juventú, no sé por qué me querrá en su celda, se ve que sabe del tema… Yo por las dudas no me acerco mucho, al menos no en luz de día, pues si se entera Ruiz Diaz, mi marido el desgraciao, me olvido de mis asados, mi hacienda y mis caballos.

Pero este Pereyra cada día tienta más. De tranquilo, ni un pelo si lo vieran en la oscuridá. Hace años que Ruiz Diaz ni lo intenta- si saben a que me refiero- ,seguro andará en algo raro, me lo dijo la sirvienta.

Y lo mío no es pior, pues Ruiz Diaz ni me mira. En cambio Fermin sí y sabe como hacerme sonreir.

Yo era mujer decente, fiel al campo y la iglesia. No faltaban los Rosarios a la hora de la siesta.

Ya hace varios meses que mi Rosario es Pereyra, si es que me entienden; ya mis horas de la siesta me condenan la esistencia.

Se ha formado una complicidá. Mientras mi corazón relampaguea, truena y bombea, Pereyra hace su trabajo, siempre y cuando no sea siesta, que Ruiz Diaz desvía la mirada del pion para hablar con las vecinas de la hacienda. Sí, ahora se le dice hablar.

Yo por mi parte no me quejo. Dejenlo ser feliz al pobre viejo, que por flaco y por maltrecho sin empleado y sin mujer se quedó en estos tiempos.

Fue culpa de su maltrato, y del encanto de Pereyra. Yo, Herminda, le hice honor al segundo nombre por demasiado tiempo que merezco una alegría, yo no sé usté que opina.

No lo van a creer. Fermin me ofreció escape. Juró amor y pasión eternos, después de todo soy joven y coqueta. Atentos! Que mandaparte nunca he sido; sino que al lado del desgraciao cualquiera es rosa mosqueta.

Ahora si me voy despidiendo. Muchas gracias por su atención. Si lo ven a Ruiz Diaz déjenle mis condolencias, pues se le ha muerto el amigo hace más de una centuria.

Ahí está!. Ese ruido estaba esperando, es Pereyra haciendo sonar el portón. Tranquera abierta a mi felicidá

Ay se me lengua la traba, se me cae la media. Ay Pereyra abrime el portón. Nadie nos impedirá ser felices, como que me llamo Herminda Soledá Batallón. Y ahorita mismo me entrego a los brazos robustos de mi amor.

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